Estos días estamos contemplando un nuevo capítulo del debate sobre la sanidad Almeriense, famosa por su dudosa calidad en vez de por sus logros (que los hay). Ante la petición, una vez más, de un nuevo hospital de al menos 300 camas, el Delegado de Salud ha contestado que están previstas 500 en las distintas ampliaciones de los centros ya existentes. Habría que recordarle al Delegado, persona muy capacitada, que el propio Plan Andaluz de Salud actual recoge que el número de camas no es un indicador de calidad sanitaria. Y no es lo mismo que las camas pertenezcan a hospitales comarcales que a uno de tercer nivel, de alta especialización, que es lo que se pide para nuestra provincia.
La gestión sanitaria hoy en día es social: responde a las necesidades de la sociedad y pone al ciudadano (que no paciente ni usuario) en el centro de nuestra sanidad. Almería no necesita simplemente más camas: necesita mejores camas. Y un hospital de tercer nivel resuelve infinitud más de problemas que varios de menor nivel, que tienen que derivar a Torrecárdenas aquello que no pueden asistir. Es decir, 300 camas en un nuevo centro de alto nivel resuelven mucho más que 500 en otros de menor nivel, que seguirían colapsando Torrecárdenas. Además, un nuevo hospital de tercer nivel aporta nuevos servicios como consultas, urgencias, radiología, laboratorios, diálisis, quirófanos, UCIs, etc., que no aportan las “simples” ampliaciones de camas del resto de los centros.
Y en último lugar, un centro de tercer nivel aporta algo más: personal joven, residentes, docencia, formación… y sería la base y justificación ideal para un futuro hospital universitario, puesto por el que competirían nuestros “dos” centros de referencia, Torrecárdenas y el “nuevo”. Y es que dos centros especializados y de referencia estarían obligados a “competir” entre sí por conseguir recursos, formación, ciudadanos… es decir, ofrecerían más calidad asistencial.
Sé que la gestión es muy difícil y que es complejo dar respuesta a los ciudadanos y su demanda con los escasos recursos disponibles. Pero es que esa es precisamente la misión del gestor: priorizar la asignación de estos recursos con el fin de optimizarlos al máximo y responder a las demandas sociales.
Por otro lado, recordar que la “equidad” que mencionaba estos días el Delegado es efectivamente muy importante, pues la propia Consejera de Salud confundió este término hace unos días, al señalar que los ciudadanos que contrataban seguros médicos privados perjudicaban a la equidad del sistema, cuando hacen justo lo contrario, al consumir menos sanidad pública y pagarse la suya propia. ¡Y, en todo caso, la equidad la debe aportar el sistema, no los ciudadanos! Estoy seguro de que fue un lapsus, pero es que es la Consejera, y por ende hemos de exigirle el máximo… estoy seguro de que nuestros gestores no van a volver a confundir el término de equidad, pilar de nuestro sistema, y por eso me alegro de que el Delegado lo cite y lo use adecuadamente.
